EL COMERCIO JUSTO EN SU MOMENTO DECISIVO
“Una perspectiva desde el Sur”

 Marisol Espinoza Cruz

Vicepresidenta de la República del Perú

Biofach, Núremberg, Alemania

11 de febrero de 2016

El mundo vive una crisis y polarización económica y social que no termina de resolverse. Las crisis no son nuevas y los países, individuos y organizaciones han intentado distintas respuestas. Una de las más exitosas, particularmente para millones de familias de pequeños productores rurales – por su impacto a nivel ambiental, social y económico, se formalizó en 1988 con la creación del sello Max Havelaar, que luego ha evolucionado a Fair Trade, Trans Fair o comercio justo como lo llamamos en el Sur.

28 años después, la problemática de los pequeños productores de café puede resumirse una paradoja: una baja de la producción con menores precios. La producción es afectada por desórdenes climáticos que propician la propagación de plagas y enfermedades, sequías e inundaciones. El precio baja como consecuencia de un mayor control del mercado y de la producción de la gran empresa y también por la especulación financiera de los fondos de inversión. La roya amarilla ha hecho estragos en los cafetales de América Latina y el Caribe.  Desde el año 2012, las familias perdieron entre 20 y 80% de sus cosechas y por lo tanto el sustento de sus familias. Para colmo de males, a partir del mes de noviembre 2014, el precio internacional del café sigue cayendo a niveles no vistos en muchos años, muy por debajo de los costos de la producción sustentable.

En el mercado común, son las grandes empresas quienes imponen sus normas, para estos pocos, el café es un producto más, un número con el que se especula, mientras que para muchos, millones, el café es su vida, su orgullo; cada grano de café tiene un rostro y una historia. Los pequeños se les llama por su nombre, los grandes normalmente identifican sus empresas por su apellido, utilizando al ser humano solamente como un medio de producción.

La producción de café involucra el esfuerzo de países enteros; en algunos de los cuales el café es parte de su identidad, como en Colombia, país cafetero. A Perú, por su parte, se le reconoce por sus cafés con certificaciones de calidad, unas más exigentes que otras. En África se reconocen los cafés por sus leyendas y culturas particulares: cafés excelentes por ser la tierra donde se descubrió el café como el vital e inspirador líquido cuyo deleite sigue expandiéndose por el mundo entero.

Sin embargo hay una realidad que cruza por todos los productores de café, independiente de su país o continente: Hay grandes y pequeños, con realidades, necesidades y culturas sociales y empresariales muy distintas. El control del mercado por parte de la gran empresa orilla a los pequeños productores a perder la competencia y dejar de ser el motor de desarrollo local sustentable y agente de amortiguación del cambio climático que es, incluso conforme múltiples estudios de instancias multilaterales como la FAO y la UNCTAD.  Son éstos últimos, los pequeños productores quienes se han unido en redes y frentes comunes y, desde hace casi diez años, han creado su propia identidad en los mercados globales y locales, mediante el SPP, Símbolo de Pequeños Productores. .

Hoy estamos en la Biofach, que es la feria más grande de productos orgánicos del mundo. Aquí han llegado los productores de Perú junto a los de muchas naciones a ofrecer sus productos. Empezaron ofreciendo café, luego cacao, frutas y hasta granos andinos. Esto es gracias al comercio justo, porque con su apoyo fortalecieron su organización y luego han diversificado su oferta.

En Perú la producción de café involucra el trabajo de más de 223,000 familias, que cultivan 425,000 hectáreas. De estás más de 155,000 están certificadas por algún esquema de comercio justo y mayoritariamente orgánicos. Alemania es el principal destino del café peruano (28.70%).

Sin embargo La producción orgánica que abrazaron los campesinos con tanto entusiasmo ha dejado de crecer. Por esta razón es que los campesinos se quedan con el 30% de su café certificado y deben vender como convencional a un precio menor. Con café de comercio justo pasa lo mismo, las organizaciones se ven obligadas a vender al otro mercado. Hay un problema grande y grave que exige urgente una gran solución. De lo contrario, veremos cómo lo construido durante casi treinta años de comercio justo seguirá desmoronándose y las organizaciones de pequeños productores van irremediablemente a la quiebra irreversible por perder el nicho de mercado que hicieron con tanto trabajo.

Ante la situación actual hay quienes se pronuncian por bajar los controles, flexibilidad en la calidad, limitar los precios y premios orgánicos, permitir el acaparamiento y la intermediación especulativa, vender la certificación a empresas que tienen sólo una muy pequeña parte de comercio justo. Otros, pocos pero que felizmente están unidos, ponen más alta la vara, elevan las exigencias del comercio justo. Los pequeños productores organizados con sus aliados en el mercado lo han decidido y esa es la alianza y la realidad actual del SPP, Símbolo de Pequeños Productores.

Del impacto del comercio justo hablan las experiencias exitosas de los pequeños productores en el mundo, la mejora en la calidad de vida, el cuidado de la naturaleza y la lucha por la defensa de sus tierras, el avance socio económico de las familias, su empoderamiento político. Esta es una historia que se repite en cada país donde el comercio justo existe, va desde el campo al mercado, donde los consumidores cada vez más informados prefieren los productos de los pequeños, porque en calidad son grandes.

El café es un caso emblemático, en que los pequeños demostraron ser los campeones indiscutidos en calidad.

En cacao, de ser un producto marginal en nuestras economías, y el Perú siendo un desconocido en el mercado internacional, fueron los pequeños productores quienes lo llevaron a posicionarse entre los grandes de la calidad. Igual en cada país hay experiencias maravillosas que no hubieran sido posibles sin la práctica del comercio justo.

El mercado del cacao y chocolate, incluyendo el azúcar, está consolidado, es decir unos pocos, muy pocos, menos de diez consorcios controlan más del 70% del volumen mundial. Estos, por ser tan grandes tienen un grave problema, no pueden garantizarle la trazabilidad al consumidor, lo que les resta credibilidad. En Holanda hay plantas que procesan 250,000 TM de pasta de cacao de supuesta buena calidad (‘finura y conchado’): sin embargo no están en la capacidad de asegurar a la marca de chocolates el origen de sus ingredientes, principalmente cacao y azúcar, Procesan grandes volúmenes, mezclando y malogrando la calidad. A esto llaman ‘cacao balance’, juntan varios contenedores y los procesan, luego entregan en licor o masa de cacao el equivalente a las 20 t de cacao en grano, pero no garantizan que el producto viene de su cacao. además casi toda la industria del chocolate trabaje con granos de muy mala calidad.

La especialización parcializada que se presenta en esta industria hace que una empresa importa, otra transforma hasta licor o pasta de cacao, algunas empresas más elaboran chocolate. También otra fabrica el empaque, una más hace las cajas. Al final hay chocolates con nombre y foto del productor, pero sólo eso, nadie sabe el origen real del cacao o del azúcar.

Prácticas de este tipo desde luego no respetan ni al productor orgánico, ni a los consumidores de comercio justo. Es por eso que las certificaciones como las orgánicas y la del SPP no permiten este tipo de operaciones. De esta manera estos sellos privilegian la pequeña y mediana industria que genera mayores valores económicos y son plenamente transparentes hacia productores y consuimdores.  Décadas de trabajo entusiasta liderado por las Organizaciones de Comercio Alternativo han hecho que el concepto del comercio justo es entendido por el público de manera que es atractivo para grandes marcas.

Con el sello SPP, las organizaciones de pequeños productores y las familias que practican una agricultura familiar campesina, garantizan confiabilidad, sustentabilidad, calidad y transparencia al consumidor, definiendo ellos mismos los estándares más exigentes del mercado de comercio justo.

El Símbolo de los Pequeños Productores obliga los actores de la cadena comercial en garantizar una trazabilidad física estricta, tal como se hace el mercado orgánico, y permite el uso del sello cuando por lo menos 50% de los ingredientes provienen de organizaciones de pequeños productores. Exige que el chocolate contenga el 100% de ingredientes certificados de comercio justo, definiendo, al mismo tiempo, como único en el mercado de comercio justo y orgánico, el precio mínimo del azúcar, producto fuertemente afectado por otras normas que exigen solamente un 20% de un ingrediente para el chocolate de comercio justo.

Para evitar cualquier sospecha de conflicto de intereses, la certificación del SPP es realizada de manera independiente por 8 certificadoras orgánicas internacionales, expertos acreditados en temas de trazabilidad y confiabilidad.

Finalmente debo decir que mi presencia representando a Perú ha sido posible por el apoyo de los pequeños productores, cuyo trabajo conozco de cerca. Por mi admiración que siento por su trabajo y porque estoy segura que un verdadero comercio justo trae desarrollo de verdad a los pueblos.

Con la seguridad del éxito en que lograrán las metas y objetivos los felicito y me permito repetir: ¡El SPP para un comercio justo exigente en beneficio de la dignidad de los pequeños productores y el fortalecimiento de sus economías locales!

Conferencia de Prensa Marisol Espinoza, Vicepresidenta de Perú (1) Conferencia de Prensa Marisol Espinoza, Vicepresidenta de Perú (2)

Santiago Paz (SPP); Rosa guamán (SPP); Marisol Espinoza (Vicepresidenta de Perú).

Santiago Paz (SPP); Rosa guamán (SPP); Marisol Espinoza (Vicepresidenta de Perú).